“IRONMAN (DUATLÓN) NORTHWEST TRIMAN” - CONTINUO SOÑANDO
Hace dos años que no escribía nada en el blog y ha llegado
el momento de una nueva entrada. Son muy pocas las que tengo, pero suelo
reservarlas para ocasiones especiales y esta sin duda alguna es una de ellas.
Está aventura comenzó liado por el amigo Jacob que me animó
para participar de nuevo en As Pontes, pero esta vez en el medio Ironman. El
día que abrieron las inscripciones andaba liado con alguna carrera, creo
recordar que la Panes-Potes, y cuando me fui a apuntar ya estaba completo el
cupo para el de Media Distancia. Mire la lista de espera y había bastante gente
así que, para no faltar a mi palabra, me apunte al de Larga Distancia. El tener
casi a 9 meses vista un objetivo de este calibre la verdad que mentalmente te condiciona
todo el año.
PREPARACIÓN
La preparación esta vez, porque no disponía de mucho tiempo,
fue una suma de muchos pocos sin poder meter grandes volúmenes ni en bici ni
carrera a pie. La natación fue un dolor de cabeza ya que debo tener alguna alergia
al cloro de la piscina y cada vez que iba me pasaba dos-tres días
congestionado, era duro ir sabiendo que hipotecaba 2-3 días. El invierno lo
pase centrado en la pista haciendo mis pinitos en distancias cortas y
disfrutando mucho con nuevas experiencias y nuevas amistades.
Quitando la navidad, que puede coger algo más la bici, esos meses fueron muy tranquilos. Este año la novedad fue que metí gimnasio dos días por semana con la ayuda de Miguel Oliva que me instruyo en un montón de ejercicios. Con la llegada de la primavera comencé a entrenar más variado, pero siempre con entrenamientos cortos (1h – 1h 30’). Entre semana prefería hacer algo liviano y dejar para las competiciones del fin de semana los esfuerzos. Hace ya unos años que no tengo el poder de sacrificio de antaño y ahora soy incapaz de ponerme yo solo y mantener una rutina de entrenamientos con series, ritmos específicos, etc. Si tengo que hacer entrenamientos vivos corriendo, si me pongo solo al poco ya estoy pensando en que no puedo o que voy mal, sin embargo, me pongo en cualquier carrera con el dorsal o entrenando con otra gente sin tener la presión de hacer unos ritmos determinados, y voy genial. Por el medio de toda la preparación volví a disfrutar con la alegría de bajar de 1h 30’ en media maratón, poder bajar dos veces de 40’ en 10 km (uno en Laredo y otro en pista) y disfrutar con los Migueles en unas cuantas marchas cicloturistas.
La verdad que lo que sí que entrené esta vez fue hacer muchas de las carreras a pie con fatiga previa. Descubrí que para estar cansado al día siguiente simplemente valía con correr un 100 o un 200. La verdad que, al no obligarme a grandes palizas, como otras veces, hizo que todo fuera más fácil. Durante la preparación cayeron algún que otro reto como hacer en un día el triatlón Olímpico de Gijón por la mañana y correr a la tarde la Media Maratón de La Reconquista, amén de algún otro.
Quitando la navidad, que puede coger algo más la bici, esos meses fueron muy tranquilos. Este año la novedad fue que metí gimnasio dos días por semana con la ayuda de Miguel Oliva que me instruyo en un montón de ejercicios. Con la llegada de la primavera comencé a entrenar más variado, pero siempre con entrenamientos cortos (1h – 1h 30’). Entre semana prefería hacer algo liviano y dejar para las competiciones del fin de semana los esfuerzos. Hace ya unos años que no tengo el poder de sacrificio de antaño y ahora soy incapaz de ponerme yo solo y mantener una rutina de entrenamientos con series, ritmos específicos, etc. Si tengo que hacer entrenamientos vivos corriendo, si me pongo solo al poco ya estoy pensando en que no puedo o que voy mal, sin embargo, me pongo en cualquier carrera con el dorsal o entrenando con otra gente sin tener la presión de hacer unos ritmos determinados, y voy genial. Por el medio de toda la preparación volví a disfrutar con la alegría de bajar de 1h 30’ en media maratón, poder bajar dos veces de 40’ en 10 km (uno en Laredo y otro en pista) y disfrutar con los Migueles en unas cuantas marchas cicloturistas.
La verdad que lo que sí que entrené esta vez fue hacer muchas de las carreras a pie con fatiga previa. Descubrí que para estar cansado al día siguiente simplemente valía con correr un 100 o un 200. La verdad que, al no obligarme a grandes palizas, como otras veces, hizo que todo fuera más fácil. Durante la preparación cayeron algún que otro reto como hacer en un día el triatlón Olímpico de Gijón por la mañana y correr a la tarde la Media Maratón de La Reconquista, amén de algún otro.
Esta vez de cara a hacer el Ironman tenía claro que una de
las cosas que me iba a facilitar mejorar mi registro anterior era la
adquisición de una nueva bici. Al principio me centré con la ayuda de Pablo
(gracias por aguantar la pila de whatsapp con mis dudas y mi falta de
conocimiento) en la compra de una de carretera, pero surgió la oportunidad de
comprar una cabra a un chico de Castrol Urdiales (Álvaro la verdad que da gusto
encontrarse gente tan amable y que facilita tanto las cosas) y me lancé. Desde
la adquisición de la nueva bici el objetivo era intentar adaptarse lo más
rápidamente posible a ella. En este proceso quiero agradecer enormemente a
Víctor de Bicimarket Santander por el estudio posicional que me hizo y la
puesta a punto de la bici.
Sabía que llegaba con menos carga que los dos veces anteriores, pero con el convencimiento de que con la nueva bici y con las sensaciones de la carrera a pie podría hacerlo mejor que hace dos años. La verdad que en ese sentido tenía algo de presión porque todo el mundo me decía que lo iba a hacer muy bien, sabía que estaba en un buen estado de forma, pero la verdad que cuando son pruebas tan largas puede pasar cualquier cosa.
LA PRUEBA
El tiempo fue pasando y sin querer llego el día del evento.
Esta vez toco viajar el día anterior con la familia, allí nos estaban esperando
Jacob & Family con Jesús Oliveros, ambos iban a hacer el medio. En los días
previos me daban una envidia enorme, no estaba muy ilusionado con tenerme que
meter de nuevo una paliza tan grande y me veía mucho más preparado para
realizar el medio.
Después de hacer el check-in de la bici y asistir a la
reunión técnica nos fuimos a cenar a una pizzería para coger fuerzas para el
día siguiente. La pena fue que no pudimos repetir en la pizzería O Atallo ya
que estaba cerrada, aunque a la que fuimos estaba todo muy rico.
A las 5:30 toco levantarse, como siempre esa noche toco
desvelarse unas cuantas veces, pero es algo que ya no me preocupa e incluso
considero que es bueno. Una vez revisado todo el material nos fuimos a
desayunar a un bar cercano al lago. Me tomé un café para despertar y un buen
bollo de chocolate con crema pastelera para cargar baterías. Cuando nos fuimos
al lago vimos que había niebla, como hace dos años, pero pensando en todo
momento que era muy temprano y que ya habría tiempo de que levantara. Cuando estábamos
ultimando la preparación del material en boxes empezaron a decir por megafonía
que se suspendía la natación y que se pasaba a hacer 12 kilómetros de carrera a
pie. En ese momento yo pensaba que se estaban precipitando, faltaba más de 30
minutos para el inicio de la prueba y parecía que la niebla se estaba
levantado. En ese momento todos nos quedamos en estado de shock y empezaron los
desánimos. Pasado un rato cada vez se empezaban a ver las boyas de la natación
y todos veíamos posible hacerla, y así pasado unos minutos la organización
decidió aplazar un poco el comienzo, pero con la idea de hacerla. En esos
momentos se veían todas las boyas de la natación, aunque la niebla seguía al
fondo del lago. Justo en el momento de dar la salida de la natación a la gente
de media distancia la niebla volvió a cubrir las boyas y tuvieron que
suspenderla nada más comenzar. Después de unos momentos de incertidumbre, y me
imagino qué de mucha angustia para los organizadores, decidieron hacer un
duatlón en ambas distancias. En nuestro caso tocaba hacer 8 km primero de
carrera a pie. En esos momentos se me vino el mundo abajo. Me encontraba
privado de mi segmento favorito, en el que suelo hacer el mejor puesto, con el
estómago lleno y con ninguna gana de ponerme a correr. En la cabeza me venía el
pensamiento firmemente de hacer solamente la primera carrera a pie y la bici, no
me veía capaz de correr 50 kilómetros.
PRIMERA CARRERA A PIE (8 KM)
Toco quitarse el neopreno y preparase para la primera carrera
a pie. Con poco tiempo para hacer más cábalas ya estaba en la línea de salida.
Lo bueno era que no tenía ninguna presión simplemente quería quitarme esos 8
kilómetros de la manera más tranquila posible. Dieron el pistoletazo y
comenzamos a correr. Al poco de salir toco la primera sorpresa y era que nos
metían por una pista que bordeaba el lago. Cuando llevábamos un poco me cruzo
con Jacob que venía de vuelta de hacer los 4 kilómetros que les tocaba a ellos. Le dí ánimos y le dije que iba muy bien, ya que hacía poco que habían pasado los primeros.
A nosotros nos tocaba ir un poco más lejos con una cuesta por medio que se las
traía y en medio de la niebla que dejaba ver poca cosa. Pasado el tercer
kilómetro (lo sabía por el GPS) me empiezo a cruzar con los primeros corredores
de nuestra distancia y en esos momentos veía que, así como en la natación todo
se rompe en mil pedazos, aquí era casi una fila de a uno.
Empecé a pensar en el tema del drafting con toda la gente tan junta. En la reunión técnica del día anterior habían hecho mucho hincapié en este tema y que si alguien hacía drafting no volvería a competir aquí. La verdad que ni se me pasa por la cabeza hacer drafting, pero estas palabras acojonan literalmente, porque por experiencia sé que en ciertos momentos como un repecho, las subidas, etc. donde quieres adelantar/ te adelantan o la propia inercia y el ir mirando para abajo te hacen juntarte y más teniendo en cuenta que esta vez íbamos a salir muy juntos. Ya tuve la desagradable experiencia el año pasado en Zarautz, en un giro con la inercia que llevaba en una pequeña subida, de pegarme un momento a cuatro participantes y ser sancionado por ello al ir mirando al suelo y no darme cuenta.
Ya de vuelta empiezan a adelantarme unos cuantos participantes, algunos resoplando fuerte, pero ni me inmuté y seguí con mi ritmo tranquilo. Sin prisa, pero sin pausa llegamos al área de transición.
Empecé a pensar en el tema del drafting con toda la gente tan junta. En la reunión técnica del día anterior habían hecho mucho hincapié en este tema y que si alguien hacía drafting no volvería a competir aquí. La verdad que ni se me pasa por la cabeza hacer drafting, pero estas palabras acojonan literalmente, porque por experiencia sé que en ciertos momentos como un repecho, las subidas, etc. donde quieres adelantar/ te adelantan o la propia inercia y el ir mirando para abajo te hacen juntarte y más teniendo en cuenta que esta vez íbamos a salir muy juntos. Ya tuve la desagradable experiencia el año pasado en Zarautz, en un giro con la inercia que llevaba en una pequeña subida, de pegarme un momento a cuatro participantes y ser sancionado por ello al ir mirando al suelo y no darme cuenta.
Ya de vuelta empiezan a adelantarme unos cuantos participantes, algunos resoplando fuerte, pero ni me inmuté y seguí con mi ritmo tranquilo. Sin prisa, pero sin pausa llegamos al área de transición.
Aquí llego la primera gran encrucijada del día ya que en el
lago hacía frío y tenía la duda de si ponerme algo de abrigo, pero arriesgué
con el convencimiento de que seguramente fuera de la zona del lago haría mejor.
Según iba con la bici en la mano por la transición se me cayó la tapa del bote
de herramientas y gracias al chico que venía detrás, que muy amablemente me la
recogió del suelo, la puede poner para no perder todo. Llegamos a la zona de
montaje y toco subir la rampa de subida del lago. Ya arriba pude comprobar que había acertado plenamente con el tema de la ropa ya que en esa zona ya estaba todo despejado y con sol.
Este año tenía en mente ir tranquilo las dos primeras vueltas para no penalizar mucho en las dos últimas, como hace dos años. Me dirigí a hacer el primer bucle y de vuelta me encontré con que habían cambiado un poco el circuito de bici y en vez de ir por la zona de la térmica nos íbamos de nuevo a la zona del lago, para posteriormente cruzar todo el pueblo para salir dirección a Villalba.
En estos primeros compases como preveía había bastante tráfico de bicis, pero con la primera subida comenzó a romperse todo un poco. Como no me maté mucho en la primera carrera a pie, en esos momentos veía que adelantaba a más gente, que gente me adelantaba a mí.
Quién me lo iba a decir a mí hace unos años cuando era coger la bici y ver como me adelantaba todo el mundo, menudos cabreos me pillaba.
Al llegar a la parte de arriba comenzaba la parte más “fácil” (lo de las comillas es porque son toboganes que muchos de ellos por lo menos en mi caso no te dejaban ir acoplado) y comencé a ir acoplado en las partes fáciles y cuando se empinaba un poco la carretera me soltaba e intentaba ir cómodo. En los repechos de algunos toboganes yo iba desacoplado, mucho más cómodo, adelantando a gente que iba acoplada sufriendo mucho. En el avituallamiento de Villalba, toco comer una barrita y reponer líquido. La verdad que el disponer de la bebida tan a mano este año en la bici, me permitió hidratarme mucho mejor. Cuando estaba llegando de nuevo al pueblo, antes de comenzar la bajada, para completar la primera vuelta empecé a visualizar a un grupo de 6-8 competidores. Aquí me entro la cosa de decir, como adelanto yo a toda esta gente. Pues nada, toco tener paciencia y cuando llego la bajada fuerte me dije, esta es la mía. Me lancé como un poseso cuesta abajo y empecé a adelantarlos a todos, terminando de adelantar a los últimos ya en el pueblo. Para que no se convirtiera eso en un trenecito en el repecho antes de llegar al lago decidí seguir apretando para abrir hueco. Creo que ese momento fue el de máximo esfuerzo en la bici. Cuando pasé por el lago vi a mis chicas con la pancarta sorpresa dándome ánimos (la verdad que se lo curran a lo grande y por supuesto dar las gracias también a los componentes del Inficant-Villa de Noja que ayudaron a llenarla de manos de apoyo con los trainers Fabián y Merche a la cabeza, otra pequeña gran familia).
Nos fuimos de nuevo al bucle y ahí, a pesar del esfuerzo, alguno de los chicos que adelanté en la bajada me adelantan de nuevo, pero ya el grupo no iba tan unido. Esta vez, en la subida toco regular, ya que notaba el esfuerzo realizado, y tomársela con más calma. Ya en la primera vuelta pasada la autopista, en un pueblo, había un voluntario de Protección Civil con gafas que nos animaba a todos como si fuéramos auténticos profesionales, y con la incertidumbre de si seguiría con ese espíritu, pude comprobar que en vez de decaer iba en aumento, menudo crack, con gente así el sufrimiento es mucho más llevadero, también animaba de lo lindo un chico que había pasado el avituallamiento del lago. Volvió tocar reponer líquidos y esta vez comer medio plátano en el avituallamiento y vuelta para As Pontes.
En esta segunda vuelta adelanté a Oliveros y le dí ánimos, se le veía muy concentrado. Al llegar al avituallamiento estaba Mónica animándome si parar, pero a María no la veía, la tenía en el apartado de “Special needs“ esperándome para darme un sándwich de Jamon York y Queso. La verdad que fue otra de las cosas que más agradecí este año. Está claro que si lo hacen los profesionales será lo mejor, pero yo detesto las barritas, geles, etc. por eso el poderme comer algo sólido me dio la vida (en la bici comí una barrita, dos medios plátanos y dos sándwiches, ni un gel). En la tercera vuelta hace dos años fue cuando empezaron a dolerme mucho las piernas, pero esta vez no apareció ese dolor, y eso que llevaba toda la semana preocupado porque en Lagos había sufrido mucho en la última subida y había estado con agujetas toda la semana. Es algo raro pero las sensaciones durante toda la bici fueron contradictorias, no me notaba excesivamente cansado, pero tampoco notaba que fuera haciendo una bicicleta de muerte, incluso tenía la sensación de que iba a hacer un tiempo muy similar al de hace dos años.
Al finalizar la tercera vuelta, toco de nuevo recibir los ánimos esta vez de María, con Mónica dándome otro sándwich de Jamon York y Queso, la verdad que este segundo me costó lo suyo comermelo entero. Ya solo tocaba hacer la última vuelta intentando regular lo máximo posible y llegar al momento cumbre de todo Ironman que es bajarse a correr para ver como respondían las piernas. Al pasar por donde el voluntario de Protección Civil tocó darle las gracias por esos ánimos y encarar la parte final. En esta última vuelta empecé adelantar a gente que se la veía ya que estaba fundida, y es que el calor apretaba y creo que los 8 km de carrera a pie empezaban a hacer mella en la gente. Para mí muscularmente achaco el no ir tan fresco en la bici, el tener que haber corrido antes.
Estoy seguro de que, si en vez de correr hubiéramos nadado, la bici me hubiera salido mejor y con menos cansancio. Antes de llegar al lago toco subir el último repecho, ahí estaba una niña pequeña que me dio ánimos y como es normal le di las gracias, y cual es mi sorpresa, ante un gesto que debería ser obligación, recibí la ovación de todas las personas que la acompañaban, lo cual me hacía pensar que debí ser de los pocos que agradecían esos ánimos.
Este año tenía en mente ir tranquilo las dos primeras vueltas para no penalizar mucho en las dos últimas, como hace dos años. Me dirigí a hacer el primer bucle y de vuelta me encontré con que habían cambiado un poco el circuito de bici y en vez de ir por la zona de la térmica nos íbamos de nuevo a la zona del lago, para posteriormente cruzar todo el pueblo para salir dirección a Villalba.
En estos primeros compases como preveía había bastante tráfico de bicis, pero con la primera subida comenzó a romperse todo un poco. Como no me maté mucho en la primera carrera a pie, en esos momentos veía que adelantaba a más gente, que gente me adelantaba a mí.
Quién me lo iba a decir a mí hace unos años cuando era coger la bici y ver como me adelantaba todo el mundo, menudos cabreos me pillaba.
Al llegar a la parte de arriba comenzaba la parte más “fácil” (lo de las comillas es porque son toboganes que muchos de ellos por lo menos en mi caso no te dejaban ir acoplado) y comencé a ir acoplado en las partes fáciles y cuando se empinaba un poco la carretera me soltaba e intentaba ir cómodo. En los repechos de algunos toboganes yo iba desacoplado, mucho más cómodo, adelantando a gente que iba acoplada sufriendo mucho. En el avituallamiento de Villalba, toco comer una barrita y reponer líquido. La verdad que el disponer de la bebida tan a mano este año en la bici, me permitió hidratarme mucho mejor. Cuando estaba llegando de nuevo al pueblo, antes de comenzar la bajada, para completar la primera vuelta empecé a visualizar a un grupo de 6-8 competidores. Aquí me entro la cosa de decir, como adelanto yo a toda esta gente. Pues nada, toco tener paciencia y cuando llego la bajada fuerte me dije, esta es la mía. Me lancé como un poseso cuesta abajo y empecé a adelantarlos a todos, terminando de adelantar a los últimos ya en el pueblo. Para que no se convirtiera eso en un trenecito en el repecho antes de llegar al lago decidí seguir apretando para abrir hueco. Creo que ese momento fue el de máximo esfuerzo en la bici. Cuando pasé por el lago vi a mis chicas con la pancarta sorpresa dándome ánimos (la verdad que se lo curran a lo grande y por supuesto dar las gracias también a los componentes del Inficant-Villa de Noja que ayudaron a llenarla de manos de apoyo con los trainers Fabián y Merche a la cabeza, otra pequeña gran familia).
Nos fuimos de nuevo al bucle y ahí, a pesar del esfuerzo, alguno de los chicos que adelanté en la bajada me adelantan de nuevo, pero ya el grupo no iba tan unido. Esta vez, en la subida toco regular, ya que notaba el esfuerzo realizado, y tomársela con más calma. Ya en la primera vuelta pasada la autopista, en un pueblo, había un voluntario de Protección Civil con gafas que nos animaba a todos como si fuéramos auténticos profesionales, y con la incertidumbre de si seguiría con ese espíritu, pude comprobar que en vez de decaer iba en aumento, menudo crack, con gente así el sufrimiento es mucho más llevadero, también animaba de lo lindo un chico que había pasado el avituallamiento del lago. Volvió tocar reponer líquidos y esta vez comer medio plátano en el avituallamiento y vuelta para As Pontes.
En esta segunda vuelta adelanté a Oliveros y le dí ánimos, se le veía muy concentrado. Al llegar al avituallamiento estaba Mónica animándome si parar, pero a María no la veía, la tenía en el apartado de “Special needs“ esperándome para darme un sándwich de Jamon York y Queso. La verdad que fue otra de las cosas que más agradecí este año. Está claro que si lo hacen los profesionales será lo mejor, pero yo detesto las barritas, geles, etc. por eso el poderme comer algo sólido me dio la vida (en la bici comí una barrita, dos medios plátanos y dos sándwiches, ni un gel). En la tercera vuelta hace dos años fue cuando empezaron a dolerme mucho las piernas, pero esta vez no apareció ese dolor, y eso que llevaba toda la semana preocupado porque en Lagos había sufrido mucho en la última subida y había estado con agujetas toda la semana. Es algo raro pero las sensaciones durante toda la bici fueron contradictorias, no me notaba excesivamente cansado, pero tampoco notaba que fuera haciendo una bicicleta de muerte, incluso tenía la sensación de que iba a hacer un tiempo muy similar al de hace dos años.
Al finalizar la tercera vuelta, toco de nuevo recibir los ánimos esta vez de María, con Mónica dándome otro sándwich de Jamon York y Queso, la verdad que este segundo me costó lo suyo comermelo entero. Ya solo tocaba hacer la última vuelta intentando regular lo máximo posible y llegar al momento cumbre de todo Ironman que es bajarse a correr para ver como respondían las piernas. Al pasar por donde el voluntario de Protección Civil tocó darle las gracias por esos ánimos y encarar la parte final. En esta última vuelta empecé adelantar a gente que se la veía ya que estaba fundida, y es que el calor apretaba y creo que los 8 km de carrera a pie empezaban a hacer mella en la gente. Para mí muscularmente achaco el no ir tan fresco en la bici, el tener que haber corrido antes.
Estoy seguro de que, si en vez de correr hubiéramos nadado, la bici me hubiera salido mejor y con menos cansancio. Antes de llegar al lago toco subir el último repecho, ahí estaba una niña pequeña que me dio ánimos y como es normal le di las gracias, y cual es mi sorpresa, ante un gesto que debería ser obligación, recibí la ovación de todas las personas que la acompañaban, lo cual me hacía pensar que debí ser de los pocos que agradecían esos ánimos.
SEGUNDA CARRERA A PIE (42 KM)
Al llegar de nuevo a la transición ahí tenía a la familia
dándome ánimos y sacando fotos. La verdad que se desgañitan tanto por mí como por
toda la gente que conocen o saben que son de Cantabria, no creo que existan
muchas animadoras como María y Mónica. Cogí la gorra de la sandía, bebí un poco
de Coca Cola, me calcé las zapatillas y tocó salir a correr. Las primeras sensaciones
no eran malas y no tenía grandes dolores. Subí la cuesta muy tranquilo y una vez arriba noté que la cosa no iba bien. A toro pasado creo que en ese momento lo
único que me pedía la cabeza era no hacer nada más.
Veía el lago despejado, esa agua que cual ninfa de cuentos de hadas me decía venta para aquí, refréscate en esta agua y no sigas. Tocaba alejarse de esas meigas.
Decidí cambiar el agua al canario, ya que llevaba toda la bici con algo de ganas y al terminar me di media vuelta y avancé dos pasos de vuelta a la meta.
No quería hacer nada más, no quería sufrir. Tras esos dos pasos paré en seco y empecé a analizar cosas en mi cabeza:
“Mario tienes aquí a tus dos chicas animándote sin parar y no vas a terminarlo, has invertido en una nueva bici – material – etc. y no vas a terminarlo, los días antes dijiste a tú prima Carmelina que ibas a hacer algo grande ese día y no vas a terminarlo, querías dedicárselo a tú madre y no vas a terminarlo”.
Paré en seco, di media vuelta y me dije:
“Mariete toca sufrir amigo mío, lo que no pueda la cabeza que se encargue de hacerlo el cuerpo que para eso le hemos metido un par de palizas buenas y respondió”.
Había una pareja en bici que se rió un rato ya que al verme correr de nuevo me decían si me había sentado bien la meada, a lo cual conteste que se me habían ido todos los males por la orina, jaja. Tocó apagar el cerebro y empezar a correr.
Con malas sensaciones conseguí llegar al primer avituallamiento y como había comido y bebido mucho durante la bici, apenas me refresqué un poco. Aquí llegaba una de las partes nuevas del recorrido a pie que era totalmente de ida y vuelta. La ida era muy llevadera, con una cuesta abajo de unos 300 metros, así que sin grandes problemas llegué al segundo avituallamiento. Más de lo mismo me refresqué un poco y continué. En la parte más alejada de nuevo un pequeño bajón y empecé a caminar. Yo me autoevaluaba y no veía ningún impedimento físico para correr, no iba con las pulsaciones altas (no llevaba pulsómetro, pero ya algo de experiencia tengo como para saber si voy con ellas altas), no me dolía nada, no estaba mareado, pero la cabeza no quería. Empecé a andar un rato y otra vez la idea de la retirada me rondaba la cabeza. Volví a hacer un pequeño esfuerzo y comencé a correr otra vez. Al llegar al avituallamiento pensé que esto había que solucionarlo como hace dos años. Paré un poco, me tomé dos vasos de Coca-Cola, un poco de agua y a correr. La vuelta era mucho más dura que la ida, sobre todo por esa cuesta de unos 300 metros, que ahora tocaba subir. Pero ya las sensaciones no eran tan malas.
Veía el lago despejado, esa agua que cual ninfa de cuentos de hadas me decía venta para aquí, refréscate en esta agua y no sigas. Tocaba alejarse de esas meigas.
Decidí cambiar el agua al canario, ya que llevaba toda la bici con algo de ganas y al terminar me di media vuelta y avancé dos pasos de vuelta a la meta.
No quería hacer nada más, no quería sufrir. Tras esos dos pasos paré en seco y empecé a analizar cosas en mi cabeza:
“Mario tienes aquí a tus dos chicas animándote sin parar y no vas a terminarlo, has invertido en una nueva bici – material – etc. y no vas a terminarlo, los días antes dijiste a tú prima Carmelina que ibas a hacer algo grande ese día y no vas a terminarlo, querías dedicárselo a tú madre y no vas a terminarlo”.
Paré en seco, di media vuelta y me dije:
“Mariete toca sufrir amigo mío, lo que no pueda la cabeza que se encargue de hacerlo el cuerpo que para eso le hemos metido un par de palizas buenas y respondió”.
Había una pareja en bici que se rió un rato ya que al verme correr de nuevo me decían si me había sentado bien la meada, a lo cual conteste que se me habían ido todos los males por la orina, jaja. Tocó apagar el cerebro y empezar a correr.
Con malas sensaciones conseguí llegar al primer avituallamiento y como había comido y bebido mucho durante la bici, apenas me refresqué un poco. Aquí llegaba una de las partes nuevas del recorrido a pie que era totalmente de ida y vuelta. La ida era muy llevadera, con una cuesta abajo de unos 300 metros, así que sin grandes problemas llegué al segundo avituallamiento. Más de lo mismo me refresqué un poco y continué. En la parte más alejada de nuevo un pequeño bajón y empecé a caminar. Yo me autoevaluaba y no veía ningún impedimento físico para correr, no iba con las pulsaciones altas (no llevaba pulsómetro, pero ya algo de experiencia tengo como para saber si voy con ellas altas), no me dolía nada, no estaba mareado, pero la cabeza no quería. Empecé a andar un rato y otra vez la idea de la retirada me rondaba la cabeza. Volví a hacer un pequeño esfuerzo y comencé a correr otra vez. Al llegar al avituallamiento pensé que esto había que solucionarlo como hace dos años. Paré un poco, me tomé dos vasos de Coca-Cola, un poco de agua y a correr. La vuelta era mucho más dura que la ida, sobre todo por esa cuesta de unos 300 metros, que ahora tocaba subir. Pero ya las sensaciones no eran tan malas.
Tengo la buena o mala costumbre, no sé qué decir, de no
mirar para nada el reloj, pero me daba la impresión de ir trotando más que
corriendo, pero bueno era lo que había, sabía que la cosa era acabar, daba
igual ya hacerlo peor que hace dos años. Me daba rabia porqué está vez tenía
ilusión por bajar de 3h 30’ en la maratón, pero vamos veía que ni de coña. Tocó
de nuevo pasar por el avituallamiento más cercano al lago, y vamos como para
cambiar algo, dos vasos de Coca-Cola, un poco de agua para beber, el resto por
encima para refrescar y a seguir. En esos momentos me había puesto ya la gorra
talismán del amigo Rubén, que me había prometido que me iba a traer suerte (y vaya si me trajo), ya que
apretaba el calor. Al llegar al lago ahí estaban las supporters animándome y en
ese momento llego el punto de inflexión del día. Yo creía que no iba bien, que
tampoco estaba haciendo una buena carrera, pero se acercó Jacob y me dijo que había
entrado en el puesto vigésimo en la transición de la bici, que tenía que acabar
como fuera, que iba muy bien. Todos los malos pensamientos desaparecieron de un
plumazo, lo que antes era negro pasó a ser gris muy claro. Este año la primera
vuelta fue la más sufrida sin lugar a dudas, el resto mentalmente como ya era
lo mismo se me hicieron mucho más fácil y más sabiendo que iba en un puesto muy
bueno.
La segunda vuelta ya era un poco caos porque no se sabía quien iba en la primera, quien en la segunda, pero para mí más que saber el puesto, la batalla estaba en no pararme. A cada vuelta me encontraba con la pareja que iba en bici y me animaban alegrándose de ver que no me había retirado y que seguía corriendo, amen de decirme que llevaba muy buen ritmo (yo pensando que me van a decir los pobres). Al terminar la segunda vuelta se me acercó Jacob de nuevo y me dijo iba el 19, así que más inyección de moral para la mente y tocaba seguir.
En esta tercera vuelta fue cuando me adelanto el primer clasificado. Lo que pensé que iba a ser una pasada en toda regla se convirtió en ver como la bici que iba con él me adelantaba, pero el no acaba de pasarme y la bici seguía mi lado. Ahí pensé que tan mal no podía estar corriendo si el primero no me adelantaba con facilidad y tal fue la cosa que no me adelantó hasta que llegamos a un avituallamiento y yo paré a beberme mis dos vasos de Coca-Cola. En estas vueltas me iba cruzando con el compañero de equipo David, y la gente del KTT Cantero y Korta y nos íbamos dando ánimos. Fueron pasando los kilómetros y a pesar de algún pequeño parón en los avituallamientos y en la subida, el resto de los kilómetros conseguía ir corriendo. Así pasó la tercera vuelta y al llegar al lago, a mis supporters favoritas, se les habían unido mis primos Manolo y Carmelina que ya habían venido a verme hace dos años, junto con mi sobrina Olaya. En esa vuelta creo que me cantaron que iba el 15 con lo cual la cosa no iba mal.
Hace dos años había terminado el 36 y ya me parecía un sueño, y este año verme en ese puesto a pesar de no haber podido nadar ni llevar las mejores sensaciones del mundo, era medio milagro.
La última vuelta intenté ir más tranquilo para no tener que pararme en la cuesta e iba lo más tranquilo posible. Cuando llegué de nuevo al lago ya sabía que esto se estaba terminando, pero la fatiga ya era muy grande y en la parte de arriba me veía obligado a caminar un rato. Ahí estaba Manolo dándome ánimos, seguía caminando a pesar de sus ánimos y ya casi no podía moverme. Al llegar a la cuesta decidí hacer el último esfuerzo y ya tocó no parar hasta la línea de meta. Ese último kilómetro fue eterno y sin lugar a duda el más duro de la carrera a pie. No veía el momento de pasar la alfombrilla del tiempo y disfrutar de lo mejor de este triatlón, esos 200 metros desde la alfombrilla hasta el arco final donde puedes disfrutar, reír y llorar con los tuyos. A toro pasado casi me da mal porque por escasos segundos conseguía hacer uno de mis propósitos, que era bajar de 3h 30’ la maratón, y si el parón final llegar a durar un poco más no lo consigo.
La segunda vuelta ya era un poco caos porque no se sabía quien iba en la primera, quien en la segunda, pero para mí más que saber el puesto, la batalla estaba en no pararme. A cada vuelta me encontraba con la pareja que iba en bici y me animaban alegrándose de ver que no me había retirado y que seguía corriendo, amen de decirme que llevaba muy buen ritmo (yo pensando que me van a decir los pobres). Al terminar la segunda vuelta se me acercó Jacob de nuevo y me dijo iba el 19, así que más inyección de moral para la mente y tocaba seguir.
En esta tercera vuelta fue cuando me adelanto el primer clasificado. Lo que pensé que iba a ser una pasada en toda regla se convirtió en ver como la bici que iba con él me adelantaba, pero el no acaba de pasarme y la bici seguía mi lado. Ahí pensé que tan mal no podía estar corriendo si el primero no me adelantaba con facilidad y tal fue la cosa que no me adelantó hasta que llegamos a un avituallamiento y yo paré a beberme mis dos vasos de Coca-Cola. En estas vueltas me iba cruzando con el compañero de equipo David, y la gente del KTT Cantero y Korta y nos íbamos dando ánimos. Fueron pasando los kilómetros y a pesar de algún pequeño parón en los avituallamientos y en la subida, el resto de los kilómetros conseguía ir corriendo. Así pasó la tercera vuelta y al llegar al lago, a mis supporters favoritas, se les habían unido mis primos Manolo y Carmelina que ya habían venido a verme hace dos años, junto con mi sobrina Olaya. En esa vuelta creo que me cantaron que iba el 15 con lo cual la cosa no iba mal.
Hace dos años había terminado el 36 y ya me parecía un sueño, y este año verme en ese puesto a pesar de no haber podido nadar ni llevar las mejores sensaciones del mundo, era medio milagro.
La última vuelta intenté ir más tranquilo para no tener que pararme en la cuesta e iba lo más tranquilo posible. Cuando llegué de nuevo al lago ya sabía que esto se estaba terminando, pero la fatiga ya era muy grande y en la parte de arriba me veía obligado a caminar un rato. Ahí estaba Manolo dándome ánimos, seguía caminando a pesar de sus ánimos y ya casi no podía moverme. Al llegar a la cuesta decidí hacer el último esfuerzo y ya tocó no parar hasta la línea de meta. Ese último kilómetro fue eterno y sin lugar a duda el más duro de la carrera a pie. No veía el momento de pasar la alfombrilla del tiempo y disfrutar de lo mejor de este triatlón, esos 200 metros desde la alfombrilla hasta el arco final donde puedes disfrutar, reír y llorar con los tuyos. A toro pasado casi me da mal porque por escasos segundos conseguía hacer uno de mis propósitos, que era bajar de 3h 30’ la maratón, y si el parón final llegar a durar un poco más no lo consigo.
FINAL
Al llegar al primer arco, que es donde realmente se acaba la
prueba, el primer pensamiento fue acordarme de mi madre. Hasta la fecha, había
conseguido no pensar mucho en lo sucedido. Es algo que no tiene remedio y
prefiero quedarme con los buenos recuerdos y creo sinceramente que de poco
sirve darle vueltas a la cabeza, cosa que, aunque a veces uno se proponga,
conseguirlo no es fácil. Si que los días previos pensaba mucho en ella, si
podría verme desde el cielo. Me la imaginaba con Santiago ese día hablando y
viéndome sufrir desde ahí arriba. Manos al cielo y pensamiento de que
seguramente había empujado mucho desde arriba para que consiguiera terminar la prueba.
También me acordé en esos momentos de los que ya no están con nosotros, la
verdad que estos dos años no han sido buenos en ese sentido. Nunca se me
borrará de la cabeza el recuerdo de hace de dos años, de ver a Santiago
animándome como si fuera casi como un hijo, en la rotonda. Fue un momento de
sentimiento encontrados, por una parte, felicidad de haberles podido dedicar
este pequeño triunfo y por otro part saber que ya no están aquí.
Pero también toca celebrarlos con los que si están y si alguien se merecía que cruzara la línea de meta era Mónica.
No ha sido un año nada fácil para ella, y la verdad que pocas alegrías ha tenido la pobre últimamente y se merecía, sin duda alguna, tener una buena. Hace dos años se quedó haciendo fotos y no disfruto del paseíllo, pero este año, vaya si lo disfruto. Salió con María y mi sobrina Olaya a disfrutar de esos maravillosos 200 metros. Alegría, manos arriba y un abrazo haciendo piña de los cuatro. La verdad que sufre y no lleva bien los momentos que le robo con mis entrenos, pero en esos momentos creo que los ve recompensados. Al cruzar el arco final nos abrazamos los cuatro y en ese momento rompí a llorar, me acordé del momento que casi me retiré y me dieron escalofríos al pensarlo. Pasado el sofocón tocó dar las gracias a mi prima y recordarle lo que le había dicho días antes, que iba a hacer algo grande (aunque en carrera pensaba lo contrario totalmente). La verdad que solo por momentos y vivencias como estas merece la pena todo el esfuerzo.
Al finalizar la prueba toco llamar a mi padre para decirle que había terminado y la verdad que fue otro de los momentos emotivos. Nos acordamos mucho en ese momento de mi madre, lloramos un rato juntos por teléfono y toco tragar mucha saliva para poder seguir hablando. Luego vinieron más emociones, viendo los mensajes de los amigos, del grupo de Triatlón Camargo como iban siguiéndome durante la carrera y dándome ánimos. La vedad que los tengo un poco aburridos con tanta comilona y vacile, pero son ya como de la familia, vamos que se les quiere.
Dar las gracias a todos los que me animan y me dan ánimos para seguir haciendo estas cosas.
Pero también toca celebrarlos con los que si están y si alguien se merecía que cruzara la línea de meta era Mónica.
No ha sido un año nada fácil para ella, y la verdad que pocas alegrías ha tenido la pobre últimamente y se merecía, sin duda alguna, tener una buena. Hace dos años se quedó haciendo fotos y no disfruto del paseíllo, pero este año, vaya si lo disfruto. Salió con María y mi sobrina Olaya a disfrutar de esos maravillosos 200 metros. Alegría, manos arriba y un abrazo haciendo piña de los cuatro. La verdad que sufre y no lleva bien los momentos que le robo con mis entrenos, pero en esos momentos creo que los ve recompensados. Al cruzar el arco final nos abrazamos los cuatro y en ese momento rompí a llorar, me acordé del momento que casi me retiré y me dieron escalofríos al pensarlo. Pasado el sofocón tocó dar las gracias a mi prima y recordarle lo que le había dicho días antes, que iba a hacer algo grande (aunque en carrera pensaba lo contrario totalmente). La verdad que solo por momentos y vivencias como estas merece la pena todo el esfuerzo.
Al finalizar la prueba toco llamar a mi padre para decirle que había terminado y la verdad que fue otro de los momentos emotivos. Nos acordamos mucho en ese momento de mi madre, lloramos un rato juntos por teléfono y toco tragar mucha saliva para poder seguir hablando. Luego vinieron más emociones, viendo los mensajes de los amigos, del grupo de Triatlón Camargo como iban siguiéndome durante la carrera y dándome ánimos. La vedad que los tengo un poco aburridos con tanta comilona y vacile, pero son ya como de la familia, vamos que se les quiere.
Dar las gracias a todos los que me animan y me dan ánimos para seguir haciendo estas cosas.
RESUMEN
Como resumen quiero quedarme con que a veces muchos pocos
valen para hacer un mucho. Que a veces pienso en ponerme a dieta, cuidar
la alimentación, seguir un plan de entrenamiento guiado por un entrenador pero
que creo que a día de hoy no me compensa ni dispongo del tiempo para hacerlo.
Quiero hacerlo lo mejor posible, pero con mis excesos y mis defectos, con mis
chuletones y mis calimochos, con la libertad que me da hacer lo que me pide el
cuerpo día a día sin marcarme entrenamientos más allá del día siguiente. Espero
algún día disponer del tiempo y fuerza mental necesario para preparar otro a
conciencia, pero de momento prefiero disfrutar a mi manera.
Al final 9 horas 29 minutos, puesto 15 lo cual para mi es un
sueño. Se que en cualquier otro Ironman de la franquicia o de Challenge seguramente
no estaría ni entre los 100 primeros, en este sentido hay que ser realista y
saber dónde se está, pero el presupuesto da para lo que da y la verdad que en
As Pontes al precio se suma el saber que vas a estar mimado por la organización
y que la bici no va a estar masificada. Me quedaré con la duda de si hubiera
habido natación que puesto habría alcanzado (puedo que no hubiera acabado a
saber) y si hubiera bajado de las 10 horas, si quitamos la carrera a pie y
metiéramos la natación ahí andaría la cosa. Sí que cumplí uno de mis sueños y
que era bajar de 3 horas 30 minutos en la maratón final, el ver esas 3 horas
29’ minutos en el parcial a pie es lo que más alegría me da, por encima de mejorar en más de 17 minutos la marca anterior de bici con casi 7 kilómetros
más de recorrido que la vez anterior. Los parciales fueron:
- 8 km a pie a 34’ 39” a 4:20 min/km
- 180 km bici 5h 21’ a 33,56 km/h
- 42 km a pie 3h 29’ 12” a 4:57 min/km
Hace dos años dije que había quedado en paz con los
Ironmans, ahora mejor me callo, se que puedo hacerlo mejor, pero a corto plazo
no creo que haga más. Espero este año conseguir hacer el Ultraman de
Ribadesella, que es mi nuevo reto y luego disfrutar una temporada con cosas más
livianas.
Aquí acaba la crónica de una persona que le gusta hacer
deporte, pero también, disfrutar de la familia, comer bien y disfrutar sin
grandes excesos de la vida.



























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