La verdad que la vida va pasando sin muchas veces darnos
cuenta, metidos en la rutina diaria, pero siempre hay posibilidad de romper con
esa monotonía y saberla exprimir un poco. En mi caso y como todos sabéis mi
forma de romperla es intentando buscar nuevos retos que tienen que ver con el
deporte y este que voy a relatar ha sido el último que se me ocurrió.
El reto
Este reto empezó a cocinarse en mi mente hace tres años
después de meterme en el mundo de los triatlones. Ya me paso cuando empecé a correr que después
de mi primera carrera de 10 km lo único
que tenía en mente erar hacer una maratón. Pues con el triatlón ídem, cuando
empecé a hacer triatlones ya tenía en mente que tenía que hacer algún día un
Ironman. El año pasado fue un año duro ya que me tuve que retirar del Medio Iroman de Buelna con un problema en la bici y cuando parecía que había encontrado consuelo con la aparición del Ironman de Ponferrada va y se suspende.
A diferencia de otros retos que me propuse este tenía un inconveniente grande y no es otro que lleva muchas horas de preparación lo cual conlleva un equilibrio difícil de combinar familia-deporte. Lo digo porque es importante planificar bien este reto porque por el camino como todo en la vida existen dificultades y en este caso una de ellas es la conciliación de la familia y los entrenamientos.
Los entrenamientos
La preparación del Iroman empezó a mediados de Junio donde
empecé a ponerme las pilas con la bici ya que hasta el momento apenas llevaba
kilómetros en las piernas y a priori era la disciplina que más temía. En ese
mes y medio puedo decir que he disfrutado como nunca entrenando, sin un mal
día, siempre animado y con ganas, disfrutando de cada entrenamiento, con fines
de semana muy duros e intensos pero siempre con alegría. La verdad que los
entrenamientos para una prueba de larga distancia son mucho más llevaderos ya
que la mayoría son más de fondo que de explosividad. En este mes y medio he
descubierto que aunque no sea Indurian he mejorado un montón con la bici y
hasta casi prefería salir en bici que correr debido a que me encontraba como
nunca. Han sido rutas maravillosas tanto por Cantabria –Burgos como por
Asturias. Las anécdotas han sido muchas con la bici desde un ataque de gansos,
pasando por algún que otro borracho en medio de la carretera, el tener que
hacer el molinillo a lo Froome subiendo el Caracol para escapar de un mastín,
etc. Lo peor de todo sin duda cuando preparas una prueba es la semana previa ahí bajas un montón la carga de los entrenamientos y te empiezan a entrar las dudas y doler todo. Sales un rato a correr y no vas, coges la bici y parece que pesa va frenada pero es algo normal y con el tiempo he aprendido a saber que esas son las sensaciones normales de la última semana.
La previa
Y tras un mes y medio de duros entrenamientos llego el fin
de semana señalado.
Lo peor son los preparativos y es con diferencia lo peor del
triatlón, todo lo que hay que llevar (con lo bonito que son las carreras a pie
que con una gorra, camiseta, pantalón, calcetines y zapatillas estás listo).
Qué si deja la bici a punto, que sí el neopreno, que sí las gafas, que si corro
con el mono o me cambio de ropa, que sí la abuela fuma, puufff en resumen 4
bolsas llenas de cosas más la bici. En mí caso y debido a mi despiste crónico
me hice una lista con todas las cosas para antes de salir revisar que no se me
quedaba nada (la semana antes se me habían olvidado las zapatillas de la bici
en Asturias)
Una vez todo listo salimos el sábado por la mañana Mónica y
yo rumbo a Vitoria. El viaje tranquilo y sin ningún contratiempo llegando sobre
las 12:00 a Vitoria. Una vez aparcado el coche nos registramos en el Hotel y
subimos las maletas. Cuando ya teníamos todo listo nos fuimos a por el dorsal a
la zona Expo situada en Plaza de la Virgen Blanca y ahí ya se empieza a
respirar el ambiente de la prueba. Nos encontramos con Dani de Bicletas Meta de
Sarón, que fueron los encargados de la puesta a punto de la bici junto con mi compañero
Chuchi de la Penilla (chaval hay que bajar la inclinación del sillín y vamos
mano de santo), en el stand de InfiSport y me da unos consejos sobre
hidratación, geles, etc. En principio de geles no quería saber nada me dan
mucho respeto y no había tomado ninguno entrenando pero me pillé dos botes de
sales para el comienzo de la bici. Después de recoger la bolsa del corredor
damos una vuelta por la ciudad, comemos unos pinchos en la zona vieja y
quedamos para comer con Eduardo y su novia Marta en un italiano para coger
fuerzas para mañana. Nos ponemos a hablar de la prueba todo el rato (alguna que
me conozco que no le va el tema se lo paso pipa jiji). Después de la comida
quedamos para dejar la bolsa para correr y luego me llevan en su coche a dejar
la bici en el lago de Ullibarri-Gamboa en Landa. La verdad que es un paraje
único y que tengo intención de visitar con la familia para pasar allí un día de
relax, la verdad que merece la pena. Todo listo para mañana, por fin se había pasado
la parte más pesada del triatlón: los preparativos. Regresamos a Vitoria y tras
un paseo con Mónica por las calles de Vitoria nos vamos al hotel a cenar y para
la cama. La verdad que no contaba dormir mucho y encima teníamos que madrugar
mucho ya que había que desayunar sobre las 5:30 pero aunque desperté un par de
veces para ir al servicio la verdad que descanse bastante bien (con la edad he
aprendido a no ponerme nervioso y la verdad que me he sorprendido a mí mismo lo
tranquilo que estuve los días previos, el saber que lo llevas bien preparado
ayuda mucho)
El día D - Natación
Suena el despertador son las 5 de la mañana y toca
levantarse. Después de una ducha rápida bajamos a desayunar, cogemos las
últimas cosas y vamos a pillar el autobús para ir al lago. Nos metemos en el
primero y salimos para el lago. Al llegar ya se respira un gran ambiente. Es
espectacular la mezcla del paraje, la transición llena de bicis, gente,
caravanas, etc. la verdad que son momentos especiales. En la zona de transición
me encuentro con algún conocido como Manolo de Oviedo que jugamos juntos al
fútbol sala y charlamos un rato. Empieza a sonar la música y las pulsaciones
empiezan a subir se va acercando la hora.
Coloco todo en la bici y dejo listo la bolsa de la
transición. Cuando se aproxima la hora me pongo el neopreno y me dirijo al lago
a nadar un poco para ver que esta todo en su sitio (cuando estrene el neopreno
coloque cierta parte del cuerpo mal y no podía nadar) y como no tenía que tener
algún contratiempo, se me rompe la goma de las gafas. Eduardo me ofrece unas
que tiene el de repuesto pero Mónica consigue hacer un apaño y me arreglo (la
verdad que como era agua dulce tampoco hubiera sido un gran contratiempo nadar
sin ella pero bueno mejor con ellas). Nos mandan situarnos al lado de la bici y
van presentando a los PROS. Sorprende que en categoría femenina hubiera premio
para las 10 primeras y solamente se presentaron cuatro chicas. Son las ocho y
dan la salida a los PROS y nos toca el turno a los Grupos de Edad a los 10’.
Vamos desfilando por la alfombra como si fuera Cannes, todo el mundo sacando
fotos y ahí ya voy enchufado del todo. Me situé lo más a la derecha posible
para nadar tranquilo y no tener que pelearme con nadie. Dan la salida y según
lo previsto me salgo un poco del mogollón y comienzo a nadar muy tranquilo, sin
ningún golpe. Me lo tomo con calma y voy cogiendo ritmo poco a poco sacando de
vez en cuando la cabeza del agua para ir tomando referencia de la primera boya.
Al poco pasamos por una zona de algas pero que termina enseguida y nos
dirigimos a la primera boya. La verdad que el primer largo que eran 3 boyas se
hace largo (eran 1400 metros) pero las sensaciones son buenas y como voy un
poco apartado de la gente nado muy tranquilo sin tragar agua. Al llegar a final
del primer largo, giro a la izquierda y a buscar con la vista la siguiente boya.
Aquí empecé a tener miedo porqué iba totalmente separado del resto de gente y
con miedo a saltarme alguna boya pero yo únicamente veía una y me olvidé y fui
a por ella. Al llegar otra vez giro a la izquierda y comenzar el tramo de
retorno hacia la salida. Tuvimos que pasar por medio de dos boyas y tras pasar
estas ya se veía la última boya antes de la salida. Aquí lo mismo la gente por
un lado y yo por otro. En este último tramo empiezo a nadar con precaución ya
que el hombro empieza a doler (lo saque dos veces jugando al fútbol y tengo que
tener cuidado ya que me comentaron que era fácil que se me volviera a salir) y
no vaya a ser que la lie. Poco a poco me aproximo a la última boya y ya se
empieza a oír la música (vamos que ya estamos cerca). Los últimos metros se
hacen un poco largos pero salgo del agua muy bien sin ningún mareo y de lo más
tranquilo. Natación lista, la tacho de la cabeza y me dirijo a la transición.
Mónica me está animando en el pasillo y le echo una sonrisa, la cosa ha ido
bien. El tiempo 1h 14’, buen tiempo para
lo que había entrenado.
El día D - Bicicleta
En la transición de la bici toca cambiarse entero de ropa ya
que tenía miedo terminar con el culo deshecho si ponía el mono de triatlón
además al poner la ropa seca tenía menos posibilidades de rozarme. Aquí tuve
que hacer un pequeño striptease, ya que no había carpa cerrada para cambiarse,
pero lo peor era oír las cámaras de la gente sacar fotos al resto de triatletas
y yo con el culo al aire. La transición lenta, como era de esperar, pero fue
todo bien aprovechando para comer un plátano. Cojo la bici y vuelvo a ver a
Mónica animándome a la salida de la transición y una vez llegada la carretera
están los jueces para indicarnos el sitio donde podemos montar en la bici. Estos
primeros metros espectaculares con un montón de gente a ambos lados de la
carreta abriéndose, los pelos de punta.
Los primeros kilómetros en bici las sensaciones son muy
buenas, voy todo el rato acoplado y marcho a buen ritmo. Aquí no tengo ni idea
de la media, ni kilómetros ni nada porqué decidí no llevar cuentakilómetros
para no agobiarme con la velocidad ni con la media, quería guiarme por
sensaciones para guardar siempre un punto. Los primeros kilómetros pasaron
rápidos y todo iba bien hasta que hacemos el primer giro a la derecha, ahí ya
se empieza a notarse viento lateral que da un poco de cara y hace que el ritmo
sea más bajo pero por lo menos voy acoplado todo el rato sin problemas. Al
llegar a un pueblo otro giro a la derecha y aquí empieza un tramo de unos 25
kilómetros con el viento de cara y con continuos toboganes que me hacen poner
las orejas de punta. Aquí hay que regular mucho y tener la cabeza fría. A unos
15 kilómetros antes de Vitoria veo a Mónica que me está animando y empiezo a
pensar cómo narices ha ido a parar en medio de la nada ya que la primera vez no
ví a Marta. En esta vuelta no paro y sigo. En todo rato voy bebiendo y cuando
hay alguna pequeña bajada aprovecho para ir comiendo algún trozo de barrita. En
todos los avituallamientos comía un trozo de plátano y cogía botes con bebida
(siempre uno de agua y uno de aquarius). La vuelta hasta Vitoria se hacía dura
por el viento pero al girar en dirección al lago la cosa cambiaba y bien que se
agradecía. El paso por la zona del lago era más rompe piernas pero se
compensaba con el ambiente en la zona (en la primera vuelta muchísima gente
animando). En esta zona las sensaciones no eran del todo buenas por lo que
decidí tomarme la cosa con más calma. La segunda vuelta ya conocido el terreno
se hace más monótona pero sin embargo me encuentro más cómodo en la zona que da
el viento de cara. A diferencia de otros triatlones me anima el ver que aunque
hay gente que me adelanta pero también hay gente a la que voy adelantando y los
que me adelantan tampoco los pierdo de vista. Al paso de la segunda vuelta paro
a charlar un poco con Mónica y cambiar el agua al canario. Le comento que voy
bien, un besito y a seguir. Al pasar por las afueras de Vitoria me animó
pensando que solamente queda una vuelta y la bici lista.
El día D – Carrera a pie
Empieza el último escoyo y las sensaciones no son malas pero
cuando me pongo a caminar noto un dolor insoportable en la planta de los pies.
Voy como puedo hasta la carpa y me siento tranquilamente en una silla. Me tomo
la transición con mucha calma para ver si entretanto se me pasa el dolor de la
planta de los pies. Termino de cambiarme la ropa y ya decido que tengo que
empezar. Los primeros metros son mortales pero veo que toda la gente estaba a
la salida de la carpa animando, aquí dices tú madre mía que ambiente. El dolor
en la planta era casi imposible de soportar y empiezo a pensar que así es
imposible correr 42 km con este dolor pero intento pensar que ya se pasará.
Arranco y voy haciendo la primera vuelta, las sensaciones no
son malas quitando el dolor de la planta de los pies. Voy bebiendo en todos los
avituallamientos y la primera vuelta me la tomo de reconocimiento. Voy mirando
las pulsaciones en un principio son un poco altas 140 pero pienso que puede ser
por el calor que hacía y la altitud de Vitoria. Van pasando los primeros
kilómetros y el dolor va remitiendo un poco pero no del todo sobre todo es doloroso
en los giros pero empieza a ser más soportable. Al paso por la primera vuelta
saludo a Dani en el stand de Infisport situado en la zona más alejada del
recorrido (la verdad el saber que hay alguien conocido en la zona más alejada
ayuda mucho mentalmente). La primera vuelta transcurre sin ningún contratiempo.
Al paso por meta el ambiente es espectacular, es increíble la capacidad de
animar que tiene la gente del País Vasco en las pruebas deportivas que he
participado (ahora que estoy escribiendo esto se me pone la piel de gallina
recordándolo), como llevamos el nombre en el dorsal toda la genta aupa Mario
vamos que ya está, pero lo increíble que te lo dice desde gente joven, mayores
que están de paseo, acompañantes de otros participantes vamos en resumen todo
dios (perdón por la expresión). Al paso
por meta en la primera vuelta se me escapan las primeras lágrimas, menudo
ambientazo, y comienza la segunda. Aquí las cosas empiezan a cambiar hasta
ahora no había parado en ningún momento
pero ya en el primer avituallamiento de la segunda vuelta tengo que
parar porque al dolor de la planta de los pies se suma el dolor en las piernas.
Al paso por el parqué, que estaba al lado del hotel, veo a Mónica que me anima
y me dice que si he visto la sorpresa y le comento que no. Me quedo con la
intriga y sigo adelante. En estos momentos difíciles pienso, vamos a ir poco a
poco esta vuelta ya está, la siguiente va a ser la más difícil y la última no
cuenta o sea que falta menos de dos vueltas. En estos momentos duros ni te das
cuenta de que corres, ni dónde estás únicamente piensas y piensas todo el rato
en dar un paso más. Aquí empiezan los pequeños retos, vamos ahora tengo que
llegar a ver a Dani, luego ahora tengo que llegar al parque para ver a Mónica,
y así te vas marcando pequeños objetivos (un consejo cuanto más fastidiado
vayas, más cortos tienen que ser los objetivos). En la segunda vuelta me dobla
Fernando Aja al cual va animando la mujer, y le digo en broma que así corre
cualquiera y después de darme ánimos se va marchando poco a poco. Al paso por
el parque camino de la meta aparece la sorpresa: Caty y el Grillo con la perra
en Vitoria dándome ánimos y sabios consejos, qué alegría eso me hace más fuerte,
no puedo fallar. El Grillo me pregunta cómo voy y le digo que ahí vamos me dice
que me tome un antiflamatorio pero le digo que no, por miedo a que me siente
mal. Al paso por meta me animo un poco pero en cuanto abandono la zona de meta
el bajón cada vez es mayor. Agradecer a la gente que estaba en la parte vieja
que nos estaba animando y dando agua fresca cada vez que pasábamos (unos
crack). Al pasar de nuevo por el parque decido tomar el antiflamatorio, ya no
puedo con el dolor de piernas y de pies. Al cabo de unos 20’ parece que va
haciendo efecto y la cosa empieza a ir mejor, consigo correr más suelto pero
eso sí parando a beber en todos los avituallamientos. La verdad que cuando
paras a beber y vas caminando el tener que volver a trotar es todo un desafío
físico y mental debido a lo atrofiado que llevas todo el cuerpo a esa altura.
De nuevo en el stand de InfoSport está Dani que me da una barrita y a penas consigo
comer la mitad, corriendo quitando algún que otro trozo de plátano no consigo
meter nada en el estómago, a esas alturas ya me dolían las muelas del azúcar de
la bebida y las barritas. Paro a refrescarme en una fuente y sigo el camino. Mi
cabeza empieza ya a decir esto ya está, falta poco para empezar la última
vuelta y esa no cuenta. En distintas partes del recorrido me cruzo con Ricardo
Abad, con Eduardo y con Manolo (todos vamos con unos caretos que para qué).
Tanto en la segunda vuelta como en la tercera me voy intercambiando la posición
con una señora mayor extranjera que está haciendo la carrera a pie con una
mochila de trail, increíble el llevar eso encima después de todo lo que
llevábamos encima. Al paso por meta ya pienso esto ya está falta la última. Los
primeros kilómetros de la última vuelta me los tomo con tranquilidad, ya está
ahora toca disfrutar y voy con calma.
Qué contar de ese último kilómetro y medio, difícil, muy difícil. Los dolores desaparecen, te acuerdas de los sacrificios que has pasado, de mí mujer que sé que lo ha pasado mal al estar mucho tiempo sola debido a mis entrenamientos y tener que estar la peque en Asturias, de la peque a la cual apenas he visto este mes y medio y que solo espero que cuando sea mayor, aunque no estuviera allí, pueda llegar a sentir lo echo por su padre, a mí familia que sé que estaba preocupada porque lo consideraban una burrada menos mi padre que seguro que está muy orgulloso de mí, a los amigos que me han acompañado entrenando y dándome ánimos, a David y Caty por acompañarme con sus ánimos en un día tan especial, a Juanmi que me enseñó cómo hay que hacer las cosas y que me ha servido para preparar este reto sin ningún plan ni entrenador, a Kike que me ha dado un montón de ánimos y que estaba el pobre más nervioso que yo y siempre publica mis hazañas en el blog del equipo, a Dani de Bicletas Meta de Sarón por la ayuda prestada en un día tan duro, a Jacob que me ha estado siguiendo y tomando buena nota de todo “jiji” en este tiempo, a Eugenio que eché de menos cuando se terminó los entrenos de la escuela, al resto de la Escuela (Afri, Merce, Pablo, Adrián, Marisol, Esther, los peques, Juan el padre de Valvanuz, etc.), a Ramón con el que he coincidido poco entrenando pero con el he chateado mucho, a la madre de Kike que me ha dado muchos ánimos por el Facebook, a Eduardo y Marta por sus consejos y ayuda, a Chuchi de La Penilla que cuando estuvo recuperado me acompañó en las últimas salidas en bici, a los triatreros que aunque coincidimos poco hicimos una salida en bici, a José Antonio qué siempre me estuvo siguiendo, a todos los del Grupo Ciclista El Franco que me han hecho mucho mejor ciclista con esas salidas duras de los sábados y por supuesto a todos los amigos, vecinos y compañeros de trabajo que sobre todo a través del Facebook me han ido animando ya que cada “Me gusta” y cada comentario aunque parezca una chorrada es un pequeño empuje para seguir y conseguir el reto. Todo eso pasa por tú cabeza y dices ya está y tú mente descansa en paz. Los últimos metros fueron grandiosos iba encendido, la gente decía mira cómo va y yo más corría y apretaba los brazos, empiezan a caer las lágrimas y la gente más animaba (venga chaval ya lo tienes, grande, con dos cojones, etc.). Todo el esfuerzo, las penas y todo todo todo se ve recompensado con ese momento. Ahí está mi fiel escudera dándome los últimos ánimos con David y Caty. Ya está falta medio kilómetro y poco a poco voy llegando a la meta. La cruzo y rompo a llorar, me abrazo con Mónica que está emocionada y después de soltar todo pienso uno y no más, esto es demasiado duro. Pienso que un Medio-Iroman se puede hacer con poca cosa pero este ya son palabras mayores, aunque el reto merece la pena y animo a todo el mundo que hace triatlones a hacer uno de estos una vez en la vida, con esfuerzo y determinación se puede pero es difícil plantearse hacer muchos. El tiempo de la maratón fue 3h 55' más de lo deseado pero viendo lo que había como para quejarse.
Al final 11h 22' cuando en todo momento tenía el reto de hacerlo en 12 horas, con un día complicado por la corriente en el lago, el viento en bici y el calor en la carrera a pie hacen el conseguirlo lo primero y encima en este tiempo todo un orgullo personal.
Mención especial merece el pueblo de Vitoria y sus gentes.
Ambientazo, todo el rato animando, gente como Eneko Llanos, Martín Fiz, Joseba
Beloki entre el público hicieron que fuera todo mucho más especial.
La organización muy bien con alguna cosilla por mejorar en
mi opinión como intentar que la bebida en los avituallamientos este un poco más
fría e incluir en alguno de ellos pastelitos o algo similar pero en general muy
bien.También mención especial merecen los voluntarios, en su mayoría pequeños que soportaron una maratoniana jornada siempre con una sonrisa y una palabra de ánimo en la boca. Así se forjan futuros finisher.
Y ahora qué
La vida continúa. Ahora toca recuperar el tiempo perdido con
la familia, disfrutar las vacaciones y poco a poco volver a retomar los
entrenamientos para ir en busca de un sueño que todavía no he cumplido pero que
por intentarlo que no quede y por el camino disfrutar de la Panes-Potes (aunque
este año con algo de pena), volver a entrenar con alguien que este año lo ha
pasado mal y un montón de cosas. Para el próximo año si todo va bien tengo en
mente un nuevo reto que a ver si se consigue pero el cual todavía está lejano.








